Feliz Día Mundial del Teatro
‘Es un honor para mí el que el Instituto Internacional del Teatro ITI en la UNESCO, me haya pedido enviar este saludo al conmemorarse el 50 aniversario del Día Mundial del Teatro. Dirigiré mis breves palabras a mis compañeros trabajadores del teatro, mis iguales y mis camaradas.
Puede que vuestro trabajo sea convincente y original. Puede que sea profundo, emocionante, contemplativo y único. Puede que nos ayude a reflexionar sobre la cuestión de lo que significa ser humano, y puede que la reflexión esté guiada por el corazón, la sinceridad, la franqueza y la elegancia. Puede que superéis la adversidad, la censura, la pobreza y el nihilismo, pues muchos de vosotros estaréis avocados a hacerlo. Puede que estéis bendecidos por el talento y el rigor para enseñarnos todo acerca de los latidos del corazón del hombre en toda su complejidad, y la humildad y la curiosidad para convertirlo en la obra de vuestra vida. Y puede que los mejores de vosotros –porque serán solo los mejores de vosotros, e incluso entonces solo en los momentos más excepcionales y breves- conseguiréis formular la más básica de las preguntas, ‘ ¿cómo vivimos? ’ ¡Buen viaje!’
John Malkovich
Peter Pan? Principita? Momo? Bueno y qué!
Primer fin de año de mi vida en el que mis amigos no querían salir y se quedaron en casa.
Tú sabes a dónde tienes que ir con ellos, pero tienes que darles la libertad suficiente para que aprendan solos hacia dónde tienen que ir… esos personajes y ese mundo que van creando.
Lo más bonito es que esto ha sido así y está siendo así, de verdad.
Ahora viéndolo desde el otro lado.
“Yo no soy una valiente” lo que pasa es que esta vez no salté del camión… ;P
Prólogo de la Zapatera (Lorca)
Federico García Lorca
La zapatera prodigiosa
(Aparece el autor. Sale rápidamente. Lleva una carta en la mano)
EL AUTOR
Respetable público… (Pausa.)
No, respetable público no, público solamente; y no es que el autor no considere al público respetable, todo lo contrario, sino que detrás de esta palabra hay como un delicado temblor de miedo y una especie de súplica para que el auditorio sea generoso con la mímica de los actores y el artificio del ingenio.
El poeta no pide benevolencia, sino atención, una vez que ha saltado hace mucho tiempo la barra espinosa de miedo que los autores tienen a la sala.
Por este miedo absurdo y por ser el teatro en muchas ocasiones una finanza, la poesía se retira de la escena en busca de otros ambientes, donde la gente no se asuste de que un árbol, por ejemplo, se convierta en una bola de humo o de que tres peces, por amor de una mano y una palabra, se conviertan en tres millones de peces para calmar el hambre de una multitud.

